Estamos muy satisfechos por la concentración de este domingo contra la tortura animal en las corridas de toros.
Acudimos unas 30 personas, algunas llegaron más tarde, otras se marcharon antes, pero la asistencia fue suficiente para que nuestra protesta tuviera la entidad necesaria como para no ser ignorada. Algo que ha hecho toda la prensa, pero conseguimos que el ambiente no fuera exclusivamente taurino.

Participamos una variada representación de jóvenes, mayores, adolescentes, niños, ancianos, hombres, mujeres, mascotas, la mayoría sabiendo de antemano su celebración, otros se unieron espontáneamente y muchos que pasaban por allí nos apoyaron aunque no se quedaron.
Su desarrollo fue completamente pacífico, sin responder a las provocaciones ni insultar a nadie.
Poco a poco conseguiremos que la gente pierda el miedo a acudir a estos actos (miedo a las agresiones de taurinos fanáticos, como la propia policía que velaba por la seguridad temía que pudiese ser el origen de cualquier altercado, según nos dijeron) y le resulte satisfactorio dedicar un poco de su valioso tiempo libre a compartirlo, entre amigos, solos o con su familia, con todos los que queremos dar voz a unos animales indefensos que son torturados cruelmente para un perverso disfrute de unos pocos.


Nuestra estrategia es estar presentes siempre que sea posible en todas las matanzas de toros que se produzcan. Con perseverancia podremos cambiar esa aceptación o indiferencia de la gente hacia esta orgía de sangre y dolor.
Desde muy pequeños nos acostumbran a convivir con ella, viendo sus carteles anunciadores por las calles, las crónicas de los periódicos o las imágenes en la televisión como algo normal y aceptado socialmente, nos enseñan su lado presuntamente artístico, y como mucho el dolor del matatoros al ser cogido por “la bestia”. Rara vez, y con alcance muy limitado, se muestra el sufrimiento de un ser vivo que tiene sentimientos (no los mismos que los humanos, claro, pero los tiene) y sufre una terrible agonía sangrando y retorciéndose de dolor.


Con nuestra presencia conseguimos que la gente se pare a pensar, que vea la otra cara de la moneda, tan evidente, pero ocultada por toda la parafernalia taurina. Nuestras pancartas tiene que estar presentes, despiertan la conciencia y poco a poco van logrando que esta salvaje fiesta deje de tener prestigio social. Este domingo, mientras nos manifestábamos, vimos a algunos conocidos con sus entradas, que iban a la plaza. Hablamos con ellos y reconocieron la crueldad del espectáculo. Decían que las entradas se las habían regalado. Seguramente no volverán a pisar una plaza de toros.
También explicamos en que consistía realmente este folclore a unos turistas extranjeros que iban a comprar sus entradas. No lo hicieron.
Apoyamos todas las campañas para pedir la abolición de esta forma de tortura animal (recogida de firmas, manifestaciones multitudinarias, iniciativa legislativa popular) pero confiamos muy poco en que la clase política se atreva a dar el paso decisivo. Además, lo que hoy se legisle mañana puede derogarse. Creemos que la mejor forma de acabar con esto es que la gente deje de acudir a las plazas de toros. Que sea consciente de la aberración que supone. Esto sí es definitivo. Que sienta vergüenza de traspasar una puerta que le llevará siglos atrás, hacia la barbarie.
Nuestra presencia es necesaria. Sabemos que existe una demanda persistente de un suficiente número de gente que quiere protestar ante esta crueldad. Unas veces podremos ir unos, otras vendrán otros. Cada vez seremos más.

Desgraciadamente las fotos no han salido nada bien. Además las hicimos al principio, cuando todavía no había llegado mucha gente y no recogen la variada afluencia que hubo.

La próxima vez habrá que cuidar más este aspecto. A ver si alguien se anima y realiza un buen reportaje.

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